carta al director

señor director: Le saluda con la mayor atención a usted, El motivo por el cual le escribo tiene que ver con lo siguiente: De vez en cuando, en muchas escuelas se pide que los estudiantes hagan donaciones a una causa u otra. A veces se pide sangre para emplearla en transfusiones. Sin embargo, lo que entendemos del mandato bíblico de que nos ‘abstengamos de sangre’ es que la sangre no debe comerse ni usarse de ninguna otra manera. Por tanto, como asunto de conciencia, ni doy ni acepto sangre. Con relación al trasplante de tejido o hueso humano de una persona a otra, éste es un asunto en el que cada persona debe tomar una decisión de conciencia. Algunas personas pudieran pensar que el introducir en su cuerpo algún tejido o parte del cuerpo de otro ser humano es canibalismo. Pudieran afirmar que el material humano trasplantado tiene el propósito de llegar a ser parte del cuerpo del que lo recibe para mantener a éste vivo y en funciones. Entonces Se ve claramente que los puntos de vista personales y los dictados de la conciencia varían en este asunto de los trasplantes. Es bien conocido el hecho de que el uso de materiales humanos para consumo humano varía desde cosas menores, tales como hormonas y córneas, hasta órganos de importancia, tales como riñones y corazones. Aunque la Biblia prohíbe específicamente el consumir sangre, no hay un mandato bíblico directo que prohíba la ingestión de otra clase de tejido humano. Por esta razón, cada individuo que se encara a tomar una decisión en este asunto debe pesar con cuidado los factores envueltos en el asunto y entonces decidir por conciencia lo que él o ella podrían o no podría hacer ante Dios. Francisca Verdejo Martinez

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